Comienzos

¿Cómo empezaste a bailar tango?

Phi Lee

Empecé a aprender tango en 2014. Me interesó cuando visité una milonga de tango queer en Buenos Aires en 2012, pero en ese momento vivía en el campo, así que no pude empezar entonces. Sin embargo, ya sabía que quería aprender tango queer. Cuando volví a vivir en Nueva York, en 2014, me anoté en mi primera clase.

NW: ¿Ese fue tu primer contacto con el tango?

No, fue mi primer contacto con el tango queer. Mi primer contacto con el tango había sido en 2010, en milongas tradicionales. En ese momento no me interesó porque respondía al estereotipo del vestido rojo y todo eso; los roles seguían siendo muy marcados por el género. No recuerdo haber visto parejas del mismo género bailando ni cambios de roles. Así que no me interesó en absoluto. Me pareció chévere, nada más.

NW: Pero después fuiste a la milonga de Buenos Aires en 2012.

Sí. Y vi a Mariana Docampo, que organizaba la milonga, y a Soledad Nani cambiando de roles en la pista. Ahí fue cuando me interesó. En el momento en que vi el cambio de roles supe que quería hacer eso. Además, era un tango mucho más íntimo. No había tantas patadas ni ese estilo tan escénico. Me gustó mucho esa intimidad que vi.

Ya en 2012 me dije que iba a aprender tango apenas me mudara a una ciudad. Y así fue. Lo tuve presente todo ese tiempo. En cuanto volví a Nueva York, entré a internet y busqué tango queer.

Mati

Empecé cuando estaba en el penúltimo año del liceo—equivalente al high school acá. Yo soy de una ciudad muy pequeña que se llama Sauce en Canelones y había un centro cultural—que ya no existe—que empezó a ofrecer clases de tango los sábados y una amiga me invitó a ir con ella y esa fue la razón por la que me sumé y empecé a bailar. Fue por una invitación de una amiga.

NW: ¿Tenías ideas antes de bailar tango o bailar otra forma de danza, o solo fue la invitación?

No, nunca había tomado clases de baile. Siempre disfruté mucho bailar en eventos sociales o solo, pero nunca había empezado un proceso de aprendizaje de cómo se baila y en un ritmo, pero por lo general, cada oportunidad que tenía de bailar, bailaba. No había algo ajeno para mí. Obviamente que bailaba otros ritmos latinos: más cumbia, reguetón…

Norma

Empecé por la música. Empecé tocando y, en algún momento, tuvimos un montaje de música moderna latinoamericana. Hicimos varias piezas de Latinoamérica y entre esas Piazzolla y ahí me interesé mucho por el tango, la historia, todo el impacto cultural y luego me interesé por la danza cuando la vi. Entonces dije: OK, vamos y hagámoslo. Y entonces creo que ahí fue que empezó mi experiencia con la danza principalmente.

NW: ¿Qué inspiró tu primera experiencia con el tango (el baile)?

Me interesó mucho lo que leí, lo que entendí desde la música, lo que entendí como todo lo ecléctico que incluye el tango. Me pareció muy interesante desde lo intelectual, desde lo musical, y siempre me ha gustado bailar. Entonces, también quise llevar esa experiencia al cuerpo más que a la mente y a la interpretación musical. La quise llevar al cuerpo y creo que esa fue mi mayor motivación porque conecto mucho desde el cuerpo.

Leo

Empecé a bailar tango en lo que nosotros llamamos escuela primaria en Argentina, que es como el 'elementary school' acá. Tuve la suerte de que había una maestra que estaba dando la opción para los niños y niñas que no les gustaba hacer la clase de deportes que pudieran compensar las horas de clase de deporte con clases de danzas autóctonas argentinas que eran tango y folclore. Cuando la maestra dio esa opción tomé esa opción para no ir a la clase de deporte. En Argentina si sos o se te considera del género masculino, la única opción de deporte es que te tiran una pelota y jugás fútbol por una hora. Eso es todo, no hay nada más. Esa es la clase de deporte.

Siendo gay, desde que tengo uso de razón, odiaba el fútbol. Entonces era muy difícil pasar esa hora de deporte sin sentirte—nada. En un lugar que no tenías que estar y con las burlas de los demás y todo ese tipo de cosas. El tipo de discriminación que ya se vive en Argentina desde muy chico con el tema de si no juegas fútbol, ah sos gay y todo el tema del estigma. Entonces, cuando pusieron esta clase de baile, obviamente era un lugar donde podía sentirme cómodo, expresarme y no sentir la presión y las desganas de tener que hacer esa obra de clase que siempre me pasaba con la clase de deportes. Así que gracias a esa maestra, no solo tuve la posibilidad de pasar mi escuela primaria, digamos, bastante bien, porque no tenía que ir a esa clase de deporte, sino que además encontré un lugar donde la gente con la que me relacionaba me aceptaba. Y además de eso terminó siendo lo que opté para hacer mi carrera.

Mikael

Estaba haciendo una sesión fotográfica para la revista Elle de Alemania en Berlín y fui a un restaurancito en Mitte que se llamaba Spiegelsaal. Tiene un jardín precioso y, mientras estaba ahí comiendo un schnitzel, vi que había una clase de tango para principiantes. Pensé: “¿Y por qué no?” Estaba solo. Me acerqué y había un montón de parejas. Pensé: “Uy, tendría que haber venido con alguien.” Pero había una mujer sentada sola, así que le pregunté: “¿Te molestaría tomar la clase conmigo?” Me miró con un poco de desconfianza y me dijo: “Sí, pero yo quiero llevar.” Entonces hicimos la clase y me divirtió muchísimo porque, al seguir, simplemente te entregás. Después hicimos la clase avanzada y pensé que era increíble, un baile mágico.

Después empezó la milonga y entró un chico muy lindo, Stefan, con sus amigos. Me puse a hablar con ellos y me invitaron a su mesa, porque Utta, con quien había tomado la clase —hoy sigo siendo amigo de toda esa gente— se había ido porque tenía otro compromiso. Me quedé con Stefan y el resto del grupo, y esa noche todos bailaron conmigo. Begita me dijo: “Acá está Andreas Laerke. Andá a tomar clases con él y después vení a bailar con nosotros mañana.” Al día siguiente me dijeron: “Bueno, mañana empieza el Festival de Tango Queer de Berlín…” Y me tiré de cabeza a todo eso.

Vi que había clases en el festival. Una era con Walter y era sobre boleos. Pensé: “¡Boleos! Quiero aprender a hacer eso”. Tomé la clase y él me dijo: “Ah, yo soy de Nueva York. La semana que viene damos doce clases por cien dólares.” Volví a Nueva York y tomé esas doce clases, que terminaban con una presentación en el festival de tango queer. Edgar fue mi pareja de baile, Phi Lee coordinaba el proyecto y Leo y Walter hicieron la coreografía.

Arty

Empecé en la Universidad de California, Berkeley. Allí tienen un programa en el que podés obtener créditos cursando materias dictadas por estudiantes. Se llamaba el sistema DeCal. Había un DeCal de tango organizado por estudiantes y contrataban docentes externos, parecido a los clubes de tango que existen en muchas universidades. La diferencia era que este era un curso formal de un semestre: recibías créditos, tomaban asistencia y había que hacer un proyecto final.

En mi primer año había hecho un DeCal de swing —también dictado por estudiantes— y ahí nació mi pasión por el baile. Después empecé a tomar cualquier clase de danza que encontraba. Hice un DeCal de square dance y después este DeCal de tango. Cuando terminó ese curso seguí bailando tango, tomando clases de manera intermitente hasta alrededor de 2018.